El Espectador Austral / La Biblia, la crisis y el vino: las iras de Isaías
La Biblia, el vino y la crisis: las iras de Isaías
Entre los sitios preciosos que hay en internet hay uno, en francés (http://bible.75cl.com/), que contiene el medio centenar de referencias que hay en el Viejo y el Nuevo Testamento sobre la vid y el vino. Casi todas las referencias a las crisis del vino están en Isaías, cuya bíblica iracundia vitivinícola es una voz solitaria entre el Génesis y el Apocalipsis, donde abundan otras consideraciones respecto a la planta, su jugo y sus hacedores y bebedores. En la traducción argentina de El libro del Pueblo de Dios, en www.vatican.va, Isaías 5 dice:
1 Voy a cantar en nombre de mi amigo el canto de mi amado a su viña. Mi amigo tenía una viña en una loma fértil.
2 La cavó, la limpió de piedras y la plantó con cepas escogidas; edificó una torre en medio de ella y también excavó un lagar. El esperaba que diera uvas, pero dio frutos agrios.
3 Y ahora, habitantes de Jerusalén y hombres de Judá, sean ustedes los jueces entre mi viña y yo.
4 ¿Qué más se podía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? Si esperaba que diera uvas, ¿por qué dio frutos agrios?
5 Y ahora les haré conocer lo que haré con mi viña; Quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada.
6 La convertiré en una ruina, y no será podada ni escardada. Crecerán los abrojos y los cardos, y mandaré a las nubes que no derramen, lluvia sobre ella.
7 Porque la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá son su plantación predilecta. ¡El esperó de ellos equidad. y hay efusión de sangre; esperó justicia, y hay gritos de angustia!
Seis maldiciones contra los poderosos de Judá: contra los explotadores
8 ¡Ay de los que acumulan una casa tras otra y anexionan un campo a otro, hasta no dejar más espacio y habitar ustedes solos en medio del país!
9 El Señor de los ejércitos lo ha jurado a mi oído: Sí, muchas mansiones, grandes y hermosas, quedarán desoladas, por falta de habitantes.
10 Porque diez yugadas de viña no darán más que un tonel, y diez medidas de semillas producirán una sola.
Contra los libertinos
11 ¡Ay de los que madrugan para correr tras la bebida, y hasta muy entrada la noche se acaloran con el vino!
12 Hay cítara y arpa, tamboriles y flautas y vino en sus banquetes; pero ellos no miran la acción del Señor ni ven la obra de sus manos.
13 Por eso mi pueblo será deportado por falta de conocimiento; sus nobles morirán de hambre y su muchedumbre se abrasará de sed.
14 Por eso el Abismo dilata su garganta, abre sus fauces desmesuradamente, y allí se precipitan el esplendor de la ciudad y su muchedumbre, su tumulto y sus festejos.
15 El hombre será doblegado, el mortal, humillado, y serán humillados los ojos altaneros;
Más abajo, en Contra los que presumen de sabios y los libertinos injustos:
21 ¡Ay de los que se tienen por sabios y se creen muy inteligentes!
22 ¡Ay de los valientes para beber vino y de los campeones para mezclar bebidas,
23 de los que absuelven por soborno al culpable y privan al justo de su derecho!
La primera gran crisis bíblica vitivinícola después de la impúdica borrachera de Noé en tierra firme tras el Diluvio es pintada con trazos fuertes en Isaías 24, La ciudad desolada:
7 El vino nuevo está de duelo, la viña desfallece, gimen los que estaban alegres.
8 Cesó la alegría de los tamboriles, se acabó el tumulto de los que se divierten, cesó la alegría de las cítaras.
9 Ya no se bebe vino entre canciones, el licor es amargo para el que lo bebe.
10 Se ha derrumbado la ciudad del caos, está cerrada la entrada de todas las casas.
11 Se pide vino a gritos por las calles, se ha apagado toda alegría, ha sido desterrada la alegría del país.
12 No queda más que desolación en la ciudad, la puerta ha sido rota a pedazos.
La mención en 9 del licor merece una acotación: aparentemente ya en tiempos bíblicos (un par de milenios antes de Cristo) en Babilonia se sabía destilar alcohol y mil años después el arte estaba bastante difundido en el mismo Medio Oriente donde hoy está prohibido casi por todas partes pero que sepamos, no existían las bebidas destiladas. Cualquiera sea la opinión de los mahometanos al respecto, la destilación del alcohol es uno de los mayores regalos de la civilización persa y árabe a Europa, donde hasta bien entrado el siglo XVII era un artilugio de alquimistas, que pronto devino en una de las más rentables (y por lo tanto tasadas) actividades. En casi todo el mundo, hasta bien entrado el siglo XIX era bastante difícil encontrar licores o bebidas más alcóholicas que el vino, por la simple razón de que ningún fruto terrenal contiene más azúcar que la uva.
Isaías vuelve a la carga y al vino en 28:
Contra los sacerdotes y los falsos profetas
7 Estos también se extravían por el vino y van dando tumbos por la bebida: sacerdote y profeta se extravían por la bebida, se aturden con el vino, van dando tumbos por la bebida, se extravían en la visión, titubean en la decisión.
8 ¡Sí, todas las mesas están llenas de vómitos inmundos, no queda espacio limpio!
Esto es casi todo lo que hallamos en el Antiguo Testamento a propósito del vino en los malos tiempos hasta Proverbios 31, donde dice:
6 Den bebida fuerte al que va a perecer y vino al que está sumido en la amargura:
7 que beba y se olvide de su miseria y no se acuerde más de su desgracia.
8 Abre tu boca en favor del mudo y en defensa de todos los desamparados;
9 abre tu boca, juzga con justicia y defiende la causa del desvalido y del pobre.
Después, hay que saltar al final del Nuevo Testamento hasta Apocalipsis 14 para volver a encontrar una referencia al vino que además contenga un eco de crisis:
8 Un segundo Angel lo siguió, anunciando: «Ha caído, ha caído la gran Babilonia, la que ha dado de beber a todas las naciones el vino embriagante de su prostitución».
Hace al menos dos mil quinientos años que los viñadores y bebedores de vino conocen la crisis, junto a todos los gremios productivos de la sociedad humana básica, desde los agricultores hasta los zapateros. En los puros y duros tiempos bíblicos no existían financistas ni banqueros, sino apenas prestamistas y usureros. En tiempos de Cristo, faltaba una docena larga de siglos para que los banqueros y navegantes genoveses inventaran la letra de cambio, artilugio sin el cual jamás se habrían inventado los intangibles pero trillonarios mercados de derivados y futuros, hoy tan inficionados.
Diego Bigongiari















