El Espectador Austral / La crisis y el vino (II)

La crisis y el vino (II)

En un interesante artículo del Wall Street Journal (1930s Lessons: Brother, Can You Spare a Stock?) leí que entre las acciones que mejor sobrevivieron a la Gran Depresión, aparte las de las madereras de madera para fósforos y para envases, fueron “los pequeños vicios” y entre ellos, el tabaco y el cigarrillo. No me parece descabellado suponer que el vino, en esta crisis, ocupará buena parte del rol del pitillo en los años ’30, hoy tan pasado de moda. Los productores exportadores de Malbec argentino podrían no estar tan mal aspectados en este des-concierto global: el Malbec de óptima relación calidad-precio tiene todas las cartas para devenir el gran vino de la entristecida Aldea Global comenzando por Manhattan gracias a su carácter fácil y accesible, simpático y envolvente. El único problema es que la Argentina entendida como país (o quizá la argentina entendida como gobernanta) con frecuencia juegan estas cartas y otras aún más valiosas con la soltura impune de los jugadores tontos en los naipes.

La crisis endurecerá mucho el nicho de los bling wines o vinos chichi, ésos de botellones de un kilo y no menos de 50 dólares la botella pero al final: ¿los vinos de 200, 300 o 400 pesos por litro, son vinos? ¿o no son como esas prendas de alta costura (hoy de culo y tetas expuestas) que las mujeres aman ver desfilar pero jamás comprarían y vestirían, por la simple razón de que ésa no es ropa? ¿cuántos seguirán bebiendo vinos de un dólar por cucharada sopera y coleccionando botellas de un euro la cucharita de té? ¿sería menos rico y variado el mundo del vino sin los vinos bling o chichi? Creo que no. Más bien al contrario, resultaría en mayor riqueza y calidad de los vinos de precios razonables: al final esas magnas uvas grado A y el yo de los winemakers tendrán que depositarse en algunas otras cubas.

La crisis global, como una tectónica de placas, crea nuevos horizontes para todos: desde los productores a los consumidores pasando si se quiere por los enógrafos. Creo que para algunos estilos frívolos de vinificar, de beber y de comentar vinos, la tectónica de la crisis inclina el paisaje en modo desfavorable, pero abre espacios nuevos e incógnitos a quienes ya practican desde hace tiempo vitiviniculturas, beberes y críticas racionales, sin infatuaciones ni frivolidad.

Mucho más complicados que los vitivinicultores están los sedicentes expertos en altas y grandes finanzas que, según la bonita y reciente metáfora del “gurú global” Nicholas Vardy, están “como si usted hubiera pasado su vida profesional aprendiendo las reglas del juego de damas, y de pronto está jugando un juego de ajedrez tridimensional. No sólo el juego es mucho más complicado, pero además nadie le enseñó las reglas –porque cambian todo el tiempo.”

Sin ser asesor financiero ni siquiera de mí mismo, en tiempos así creo que es mejor poseer algunos kilómetros de raíces subterráneas de vid en un buen y lejano terruño, que papeles en mano de jugadores inexpertos.

Diego Bigongiari

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