Aimé Lab, una linda experiencia

Pocas cosas me gustan más en la vida que que me cambien la cabeza o conmuevan con argumentos o hechos mis creencias más arraigadas.

Hasta hace un par de días, yo era de los que torcían la nariz frente a la idea de hacer cócteles con vino.

Ya no: en Casa Nieto participé de una divertida experiencia con los vinos Aimé de Ruca Malen.

Dirigida por el barman Ramiro Ferrari, frente a una mesa saturada de toda clase de ingredientes líquidos y sólidos, preparé (junto a los enólogos Roberto González y Santiago Mayorga, además del ingeniero agrónomo Tommy Hughes) mi primer cóctel a base de vino, el Aimé Cabernet Sauvignon.

En la coctelera pisé trozos de limón de pica con un surtido de frutas rojas y una rodajita de gengibre, luego con mucho hielo agregué el vino, dos onzas de jugo de maracuyá, un poco de azúcar y un qué de clara de huevo. Después de darle mucho shake en la coctelera, lo serví en un copón lleno de hielo. Y fue un trago simpatiquísimo, refrescante y sabroso.

Con la cantidad de jugos, frutas, destilados y otros ingredientes que había en esa mesa además de los varietales Aimé, se podrían preparar una serie interminable de cócteles todos distintos.

 

Diego Bigongiari

 

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