Diego Bigongiari

Biografía

Diego Bigongiari, autoabreviado.

Diego BigongiariNací argentino de primera generación en el barrio de Palermo en el otoño austral de 1956. Mi padre, Mario Bigongiari, era un arquitecto toscano llegado a Buenos Aires ocho años antes. Mi madre, Eleonora Smolensky, escribía cuentos infantiles en Editorial Abril y llegó antes de la guerra mundial, cuando toda su familia dejó Trieste por causa de las leyes raciales de Mussolini. Salvo un primo que emigró a Israel y un tío a Australia, toda la familia de mi madre fue exterminada en la Shoah.

Mi infancia transcurrió en esas calles entre el Jardín Botánico y la ex Penintenciaría (hoy Parque Las Heras) cuyos muros y torreones a medio derruir a principios de los 60 eran un espléndido panorama, para un pibe. Hice la primaria en una de las mejores escuelas públicas de la ciudad, el Juan José Castelli que entonces estaba al lado de la embajada de Francia, calle Cerrito.

Entré al Colegio Nacional Buenos Aires en 1969. Y me fui en 1972, en una suerte de protesta grupal, junto a Arshes Anasal y Gerardo Gambolini. Cursé cuarto y quinto libre en el Mariano Moreno. Entre medio, en 1973, me fui seis meses de viaje a dedo desde Buenos Aires hasta Ciudad de México, por “la ruta del Che”.

Cursé el primer año de Ciencias Exactas y Naturales en la UBA con una sensación de creciente desamparo. Aunque estaba muy metido en actividad política estudiantil desde el secundario, la creciente polarización y violencia me dejaron aislado y a fines de 1974 me fuí a estudiar a Italia.

Viví un tiempo en Milán, después en Pisa y en Barcelona, finalmente pasé un año de hippie vendiendo bijouterie por los pueblos y ciudades del sur de España. A principios de 1980 embarqué como grumete en un carguero suizo recién botado en Nagasaki. Navegar en marina mercante me gustó y cuando desembarqué cursé en un año los cinco años de la escuela náutica italiana, en Livorno. Volví a embarcar en otros cargueros (todos suizos) como oficial cadete, tercer oficial de cubierta y segundo oficial. Di un par de vueltas al mundo y conocí puertos de Asia, África, Europa, Oceanía y las Américas. En 1987 compré en Port Elizabeth, Sudáfrica, un velerito llamado Misty de 28 pies, pasé algunos meses preparándolo y preparándome y con él (y una acompañante) crucé el Atlántico Sur de Ciudad del Cabo a Río de Janeiro vía Santa Helena, guiándome sólo con sextante, brújula y cronómetro.

Volví a vivir en Argentina a fines de 1987. En un viaje anterior, en 1985, había publicado mi primer libro de poesía (Tatuajes) en una edición conjunta con Jorge Fonderbrider y Gerardo Gambolini.

En 1989 concebí la idea, convencí al cliente, armé el equipo, realicé los viajes en auto y dirigí el trabajo de la Guía Pirelli de Argentina 1990, que fue mi primer y último best seller, que agotó cuatro ediciones de 10 mil ejemplares. Así siguieron las Guías Pirelli de Buenos Aires y Alrededores con Costas del Uruguay, la segunda Guía Pirelli de Argentina (1995) con el doble de páginas y la Guía Pirelli del Uruguay.

En este rubro, escribí también las primeras ediciones de las guías Viajar Hoy de Buenos Aires, Patagonia y Cuyo; una guía Filó de Buenos Aires y Argentina que quedó inédita; la Guía BUE (que considero mi trabajo más personal) y la serie de cinco guías YPF (Patagonia, Noroeste, Cuyo y Córdoba, Litoral y Buenos Aires, además de los textos del Atlas rutero) que tuvieron un total de trece ediciones. También publiqué un par de pequeñas guías de escapadas con Planeta.

Después de algunos años de colaborar con revistas de enogastronomía, en 2004 lanzamos (con Lía Pichon Riviere y Antonio Terni) la Guía Austral Spectator de Vinos de América del Sur, que tuvo tres ediciones: la última (2006) fue el primer libro argentino en obtener un Gourmet Award como una de las mejores publicaciones de vinos del mundo. A lo largo de cuatro épocas editoriales, la Guía Austral Spectator es, en su decimotercera edición (2017), la publicación decana y de referencia en materia de vinos argentinos de calidad.

Publiqué, además de antologías y colaboraciones varias, una traducción del italiano antiguo de la crónica de La Primera Vuelta al Mundo, que es uno mis trabajos que más me gustan. Y en 1999 gané el primer premio de cuento infantil La Nación/Sudamericana con El Archipélago. No creo mucho en la literatura, pero tengo tres novelas inéditas (dos de ellas finalistas en sendos concursos internacionales) y varios cuentos: en los próximos meses Planeta publicará mi primera novela que conocerá la imprenta. En 2015 publiqué el libro de investigación política Guarangadas K y la Guía Teoría y Práctica de Pescados de Mar y Mariscos de Argentina. En 2017 autopubliqué en KDP/Amazon una novela breve de ciencia ficción llamada SHMM, el planeta de las hembras más inteligentes del Universo.

Me casé tarde, tuve dos hijos (Luca y Bruno) y me divorcié en 2014. Me gusta cultivar hierbas aromáticas, cocino todos los días y amo encerrarme en casa a catar y describir vinos a ciegas y a solas.

Sin haberme vuelto rico, me enorgullezco de vivir (desde que volví a la Argentina) de la escritura, porque es mi oficio y no lo cambiaría por otro.

En materia religiosa soy agnóstico y en política, tan socialista como se pueda sin menoscabo de la libertad individual.

Vivo con mis dos hijos en una casa-quinta en las afueras cada vez menos campestres de Buenos Aires. Me gusta vivir en la Argentina sobre todo por el habla de mi gente. Ninguna otra lengua me causa tanto placer al escucharla. Me gusta nuestra forma de hablar, de comunicarnos entre argentinos. Otros castellanos me chirrian y otros idiomas, a pesar de que hablo cinco, me hacen sentir extranjero.

Diego Bigongiari