Enoporn

El enoporn o enopornografía es la mayor amenaza y peligro respecto a calidad de los vinos no sólo en nuestro país, sino en el mundo entero.

Llamo enoporn, enopornografía o vinos Triple X a los vinos tintos supuestamente “secos”, con más de 5 gramos de azúcar residual (AR) por litro. En la edición 2016 de la Guía Austral Spectator ya escribí una nota al respecto pero recientes comentarios y opiniones de winemakers a los que aprecio me incitaron a profundizar en el tema. En su facebook, el pasado 8/12 Antonio Morescalchi posteó en inglés, que traduzco: Voces dicen: “¡¡¡si tuvieran azúcar residual en vuestros vinos, venderían mucho más!!! ¡¡¡Miren cuánto venden los vinos tintos con azúcar residual, con elogios y aprobación de los críticos!!!” Afortunadamente hace mucho leí a Robert Frost, el gran poeta norteamericano: “Dos sendas se bifurcaban en un bosque y tomé la menos transitada, y eso hizo toda la diferencia”. Practicar la humildad es esencial, pero me rehúso al compromiso en mis creencias.
Sobre el tema, Morescalchi me escribió: “en el extremo norte del mundo, Suecia y Canadá, hacen furor los Amarone, que tienen mucho azúcar residual y ahora inventaron la categoría “Ripasso” que en realidad es un Amarone menos caro, siempre con su buen AR. Estuve recientemente en Suecia, donde los vinos del “General Assortment” del monopolio estatal, o sea aquellos que venden cantidades de más de 200 o 300 cajas por año, tienen todos alto AR. En este mercado los importadores inventaron categorías de vino italiano que en Italia no existen como el “Governo” Toscano. El nombre fue tomado de una vieja tradición, aquella de volver a poner granos de uva entera a fermentar en los fudres en primavera para hacer la fermentación maloláctica. Pero allí en realidad usan el nombre, sin relación con el proceso tradicional y se inventaron esta categoría de pseudo Amarone Toscano. Lo mismo hacen con el Primitivo Pugliese ¡y lo llaman Zinfandel!
Quedé estupefacto por la distorsión de la tradición italiana y el uso indiscriminado de nombres para construir productos sin ningún vínculo con su país de origen.
En Italia hablaba con un crítico gastronómico sobre el Lambrusco y cómo el verdadero Sorbara es siempre seco, y él me dijo: “cierto, pero el Lambrusco dulce de las Cantine Riunite vende cien veces más que el Sorbara seco. En Módena nadie bebe el Riunite dulce, lo hacen para el Brasil y los Estados Unidos”.
En esos mismos días tuve un encuentro con Attilio Pagli y surgió el tema del azúcar residual: dijo que en los mercados del norte de Europa esos vinos hacen furor y que incluso en Italia hay vinos caros y elogiados por la crítica como el Kurni de Las Marcas (28 y hasta 30 g/l de AR) y el ES Primitivo de Puglia (23 y hasta 25 g/l de AR), además de los “famosos” Farnese Vini. Según Pagli, para hacer volúmenes importantes (más de 30 mil cajas de 12) es necesario dejar AR.
Todo eso me recuerda lo que una vez me contó Marcelo Miras, que trajo de Estados Unidos una botella del best seller australiano Yellow Tail y la hizo analizar: tenía 10 g/l de AR. A eso, Miras lo llama la “cocacolización del vino”. En nuestro mercado hay más de un vino tinto que no dice “dulce” en la etiqueta y contiene 30 g/l de AR.
En suma, de este preocupante fenómeno diríase que, al contrario de la pornografía (que es para mayores de edad y sobre todo varones), la enopornografía está hecha para engatuzar a juveniles y mujeres.

D.B.

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