La Singularidad de López

En la edición 2014, página 210, publiqué una nota titulada como ésta que partía de una hipótesis: “López es la bodega más singular de la República Argentina”. Seguían luego una Tesis, una Demostración y una Conclusión.

Cada año en esta época, Eduardo López invita a una degustación de los vinos en la sede porteña de Palermo donde ofrece a prensa, distribuidores, clientes y amigos una degustación del vasto portafolio de la bodega apoyado siempre con un excelente catering y la sorpresa de alguna nueva etiqueta.
Lo que más me gusta de la bodega López en Maipú es que sea más que centenaria y familiar. Eso ya da para aplauso, medalla y beso.
Pero hay más: ¿cuántas bodegas argentinas tienen etiquetas en el mercado con más de medio siglo de vida?
Y otra: cuando la moda de los viñedos en pérgola arrasaron a los viejos espalderos, en López no se plegaron a eso. Tampoco cuando todos desarmaron sus venerables toneles de roble de Nancy y se advocaron a la universal barrica bordelesa, de la que en López nunca compraron ni una para probarla. Y quizá ahora sonríen cuando muchos ultrabarriquistas de hace unos pocos lustros hoy vuelven a preferir los grandes toneles que ellos nunca dejaron de usar.
Pero lo más importante es lo que está en la copa. En mi pasado cumpleaños de 61 saqué varias de las botellas que guardo mi bodega y una de las dos que más estupendas estaban era el Montchenot 20 años cosecha 1983, de cuando yo tenía 27 y andaba por los mares navegando en marina mercante.
Y si hay en nuestro mercado un espumante de constante alta calidad es el Montchenot Extra Brut, año tras año.
Otra cosa que me gusta de esta casa es que es probablemente la menos “fashion” y snob de las grandes bodegas argentinas y quizá por ello no pocos enoparlantes millenial la ignoran, todavía atrapados en los fórceps de lo “novedoso” que en el vino raramente es más que la nueva cosecha: lo demás suele ser diseño de etiquetas y marketing. López, sin ser para nada populista, es quizá la única bodega argentina que elabora vinos para los paladares más negros del país y para los bodegones y parrillas más populares. De los Montchenot al Vasco Viejo, además de un Jerez de todo respeto. Y, como broche de oro, ningún vino biodinámico.
Entre las novedades del año, me encantó el espumante Montchenot Brut Rosé, que contiene poco más de 4 gramos de azúcar por litro cuando lo habitual en el mercado es el duplo o el triplo.

D.B.

 

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