Tahuan Torrontés 2007 y 2008, dos sorpresas en mi bodega

Hace unos días hice algo que hacía años debía hacer y postergaba: ordenar el millar de botellas remanentes de pasadas ediciones que conservo para probar según pasan los años. En eso, encontré sepultados entre tintos cuatro botellas de blancos que no debían estar allí. Entre ellas, estos dos vinos de Ernesto Catena que aquí comento.

 

Enseguida los puse en frío y con mucha curiosidad los descorché y probé. Ambos me sorprendieron porque en primer lugar no estaban oxidados sino al contrario bien enteros y, si bien ya no recordaban al Torrontés fresco, estaban muy tomables. Para mayor sorpresa, el 2008 parecía más añejo que el 2007. Más sorpresa aún cuando fui a buscar en las ediciones 2009 y 2010 de mi Guía Austral Spectator y comprobé que ambos, cosa que había olvidado, fueron vinos Top en ambas ediciones. Quizá por eso los puse a la guarda.

Entonces, sobre el Tahuan 2007 decía la Guía: “color amarillo pajizo (…) formidable expresión aromática, que a la impecable nota floral y frutada añade una deliciosa sensación de bizcochuelo de vainilla apenas horneado (…) al ponerlo en boca se tiene la impresión de degustar un ramillete de flores y admira su buen volumen donde unos gramos de azúcar residual (…) resultan bien equilibrados por la refrescante acidez; amplio y estructurado, concluye sin ninguna prisa dejando al paladar tapizado de placer (…) este Torrontés extraordinario evoca las palabras que los antiguos reservaban para la bebida de los dioses: elíxir, néctar, ambrosía”.

Y éstas son mis notas de cata a diez años de su cosecha: a la vista es amarillo dorado intenso y brillante. En nariz es de mediana intensidad que evoca mazapán y un leve matiz floral. En boca, con bastante volumen y buena untuosidad, llena bien el paladar con sabor a mazapán y fruta blanca seca, todavía con buena acidez, buen largo y regusto a mazapán. Bien que no irá más allá, no está nada mustio y aunque ya no recuerda a un Torrontés, es un vino que se bebe con mayor gusto.

Y del 2008, en la edición 2010 se decía: “amarillo pajizo verdoso (…) enuncia tipicidad varietal en sus registros cítricos confitados de litchi, ananá, limón sutil, rosas y lavanda, jazmín y azahar; algo dulce en el ataque y de cuerpo medio (…) ágil y redondo, con acidez bien balanceada, sabor intenso que glosa a la nariz insistiendo en cítricos y flores y final medio de grato recuerdo (…) El mejor Torrontés de la República.

Y éstas fueron mis notas de cata a los nueve años de edad: de color amarillo dorado intenso y brillante, es de aroma intenso y diáfano a mazapán, miel y vino tardío. En boca es de buen volumen y untuosidad, conserva todavía su acidez y sin estar oxidado, ofrece un sabor a miel y mazapán sin trazos florales ni cítricos, largo y de gustillo al tono. Si bien está evolucionado y no debería ir más allá, todavía se bebe con gusto e intriga y está muy bien en vez un tardío dulce, como un tardío seco.

Demostración que los grandes Torrontés pueden afrontar una guarda prolongada y evolucionar favorablemente.

D.B.

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