Teetotalismo: el nazifascismo alcóholico

La peste del teetotalismo, que parecía extinta, está renaciendo en Estados Unidos y Europa y como todas las modas del norte, pronto nos llegará. Como a todo fanatismo que además hace proselitismo, los espíritus libres debemos combatirlo con las armas de la razón.

 

Lo más grotesco de los teetotalers (abstemios que rehuyen al alcohol como los veganos a los productos animales) es que se pretenden “a la moda” cuando ese fanatismo fue inventado en 1833 en Inglaterra, liderado por un tal Joseph Livesey. No se sabe muy bien de dónde proviene su bastante ridículo nombre. Lo que sí se sabe es que el teetotalismo fue una vuelta de rosca de las sociedades de temperance (templanza) que surgieron primero en Estados Unidos: ya en los tiempos de la Revolución, los granjeros más conservadores y religiosos de Nueva Inglaterra querían prohibir la destilación de Bourbon pero propugnaban la templanza más que la abstinencia. La American Temperance Society se fundó en 1826 y llegó a tener 1.250.000 miembros. Al otro lado del océano, en 1929, el reverendo John Edgar de Belfast tiró todo su whisky por la ventana y comenzó a predicar en contra, pero no del vino y la cerveza. Los grupos de templanza se extendieron también por Australia y Nueva Zelanda.

La variante extremista del teetotalism llevó, en el siglo XX, a la aberración del prohibicionismo: la Prohibition rigió entre 1920 y 1933 en Estados Unidos, en Noruega entre 1919 y 1926, en Finlandia entre 1915 y 1935 y en Islandia entre 1915 y 1923, si bien la cerveza estuvo prohibida hasta ¡1989! Pero el anticervecismo islandés tenía relación con el independentismo: los daneses que controlaron la isla hasta 1944 eran (y siguen siendo) grandes bebedores de cerveza.

Ahora algunos medios le dan manija a esta imbecilidad: ver por ejemplo el artículo de Javier Ricou en La Vanguardia (1/2/ 2018) “Teetotals”: abstemios a la contra / una moda que no para de ganar adeptos y dice: “Ser abstemio es hoy una tendencia que no para de ganar adeptos. Tiene hasta nombre: teetotalism. Y el éxito que está cosechando esta opción, consideran expertos en salud, no debería de extrañar en una sociedad cada día más obsesionada con lo saludable, que ha eliminado de la dieta diaria productos consumidos desde siempre, como las grasas saturadas, el azúcar, la sal, los lácteos o la carne. Era cuestión de tiempo que el alcohol se sumara a esa lista. Los teetotalers o teetotals pisan fuerte en Estados Unidos. En ese país no paran de aparecer personas que manifiestan públicamente y con orgullo haberse sumado a esta tendencia. Es como una salida del armario, pero con los licores.

La diferencia entre el conocimiento y la ignorancia, decía Einstein, es que el conocimiento tiene límites. La ignorancia, como la imbecilidad, puede ser ilimitada y el teetotalismo no hace más que confirmarlo. Hay que ser cretino/a para “eliminar de la dieta diaria” todas las grasas saturadas, el azúcar, la sal, los lácteos y las carnes cuando basta con no abusar. Y rechazar toda bebida alcóholica por el sólo hecho de serlo, es lo mismo. Así como no hay prácticamente criatura viviente terrícola que no tenga debilidad por la glucosa (desde las bacterias a los vertebrados) buena parte del reino animal tiene debilidad por el alcohol, desde las mariposas hasta los pájaros y vertebrados, que lo encuentran en el néctar de las flores y las frutas sobremaduras.

Respeto a las religiones que prohiben el consumo de alcohol pero cuando se extienden a enteros países como Arabia Saudita, lo deploro. Conozco algunos abstemios pero nunca tuve un amigo abstemio: me resulta más fácil comunicar con un sordomudo que con alguien que no sabe o no puede compartir una copa de buen vino.

El articulista de La Vanguardia enumera una lista de “famosos/as” teetotalitaristas lo cual me resulta doblemente repulsivo porque esa clase de gente ya me es detestable de suyo, aunque sean grandes bebedores.

Creer que es más saludable un mundo sin tabaco (en mi caso, de pipa), ni Pisco Sour, Cabernet Sauvignon o Bourbon, ni papas fritas y queso de cabra, ni bacon o Lardo di Collonata es lo mismo que creer que la Tierra es cúbica. Allá ellos si lo guardan en sus fueros íntimos pero si salen a hacer proselitismo, hay que replicarles fuerte y claro. No beber alcohol es un derecho. Hacer de ello una moda o peor aun un fanatismo, es una tontería más.

D.B.

 

Un comentario en “Teetotalismo: el nazifascismo alcóholico

  • 6 febrero, 2018 at 10:48 am
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    En La Nación del 6/2/18 dijo Amadeo Carrizo: “El secreto para llegar bien a los 91 es tomar vino. Tinto. Me tomo un vasito, a veces le pongo un buen chorro de soda. La soda le quita fuerza, pero no me interesa. Un día me invitaron a comer, le puse soda y me retaron. ¿Qué querés, que me rompa el hígado? Y cuando como pescado, tomo un vinito blanco. En cambio, si tenés que salir con una chica, te pedís un buen Campari con naranja y quedás como un duque.”

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